Eran las 4 de la mañana y no había dejado de la oficina. Admiraba mi nueva puerta con mi nombre sobre el vidrio. Había trabajado en el caso, de un cantante que había perdido a su novia, durante meses para pagar ese letrero. Resultaba ser que la novia había huido porque no soportaba su voz. De pronto, el teléfono sonó. Era una mujer en llanto, pidiendo ayuda. Muchas han llamado así, al final sus esposos estaban con otra. No tenía sueño, así que le dije que viniera a la oficina. Me tomé un refresco en lo que llego, no me gusta tomar whisky cuando trabajo, es algo que se llama responsabilidad. Al abrir la puerta me sobresalté al encontrarla llena de sangre. Trate de correr al teléfono para marcar a la policía, pero me suplico que me detuviera tomándome por las piernas. Decidí calmar antes de llamar a la policía. Me explico que su esposo nunca desapareció, ella lo mato. Empece a buscar mi pistola en el abrigo. Continuo su historia diciéndome que su esposo trato de comérsela, cómo lo había hecho con su loro. No sabía si marcar a un psiquiátrico o a un circo. Los circos de aquí les encantan todas esas cosas, de “la mujer con dos cabezas” o “el hombre que come loros”. Me dijo que su esposo parecía tener alguna clase de rabia. No sabía que lo loros causaban rabia. Entonces la mujer se empezó a ir por otro lado y empezó a hablar de una vez que viajaron a Roma con su prima Steffi. Me tardé 20 minutos en tratar de que volviera al tema del esposo caníbal. Dijo que lo único que recordaba era haber recibido una llamada de su esposo desde su oficina, se quejó que uno de sus socios lo había mordido en la oreja. No podía creer que estaba a las 4 de la mañana escuchando una historia sobre zombies, definitivamente hasta ahora era el caso más entretenido que había recibido. Superando a la historia del payaso que perdió a su elefante a medio día. Le pregunté que si la había mordido su esposo, me dijo que sí. Le pedí que me mostrará la mordida, me mostró su pierna. Tiene bonita pierna, a excepción de la mordida, parece profunda. Luego me explicó que mato a su esposo tirándole el refrigerador encima y luego salto sobre el refrigerador para asegurarse de que estuviera muerto. Pero, que no quedo muy segura de que su esposo estuviera muerto. Me pidió que fuera a revisar su casa. Ni loco me iría a enfrentar a un zombie. Mi mente empezó a cuestionarse si fuera cierto, todo el mito de los zombies, cuánto tiempo tardaría está mujer en tratar de comerme. Me dio una vergüenza enorme al recordar que no me había puesto desodorante. Se veía como una señora de alta sociedad y de buen gusto, y yo no soy ningún caviar ahora cómo para que me coman el día de hoy. Tome mi pistola y fui por el teléfono, le llamé a la policía, trato de detenerme poniendo sus labios sobre los míos. Pero, su historia no me había puesto el “mood”. Me la quite de encima, se lanzo de nuevo sobre mi. Pero ahora, ya no trataba de besarme, trató de comerme y no el buen sentido. Tome mi pistola y le reventé la cabeza con par de balas. Me tomé muy en serio lo de los zombies. Después de unos segundos, pensé que iba a terminar en prisión después de matar a esa mujer, nadie me creería la historia del esposo caníbal. Ahora que lo pensaba, la historia era algo ridícula. A lo mejor la mujer nada más estaba loca y ni siquiera me quería comer. Decidí limpiar mi pistola y hablarle a los reporteros, pero antes le hablé a una prostituta, para que se hiciera pasar por mi novia y que esperara en mi hogar. Luego rompí la puerta de mi oficina, para que pareciera que habían entrado a la fuerza. Tome el dinero de la caja registradora y la coloque en el bolsillo de la mujer. Los reporteros se encargarían de armar todo lo sucedido antes que los policías llegaran y llenarían los huecos en la historia. Mi versión era que yo pasé la noche en mi hogar con mi novia, viendo “Loca academia de policía 2 y 3”. Recién las compré ayer. Salí de la oficina y me fui hacia mi auto. Me encontré con el pueblo entero en caos. Fuego por todas partes. Gente devorando se entre si y a los animales también. ¡Me lleva la chingada! Rompí la puerta de mi oficina por nada.
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