“Ustedes creen que está muerto, pero les voy a probar que no”.
Gloria corre entre las sillas, hacia el ataúd, carga el cuerpo del Gobernador y lo deja caer al suelo. Todos quedan en silencio. Gloria observa a la esposa del gobernador, cómo la ve con ojos de furia. Gloria empieza a correr y brinca por la ventana rompiendo los cristales de la iglesia. Afuera empuja a uno de los choferes, toma la limosina y sale huyendo. Al voltear atrás, ve que trae consigo a la vieja señora Windfield, la madre del Gobernador.
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